Detroit: La Ciudad del Motor

Detroit, la famosa Motown (apócope en inglés de la Ciudad del Motor) que sin dejar de ser la sede de los llamados tres grandes del automóvil dio lugar a un estilo propio y fue el hogar de algunos de los más grandes promotores y productores musicales, ha sido víctima de la leyenda negra. Hasta el punto de que son pocos los que, en sus viajes a Chicago y a los Grandes Lagos, optan por visitarla, sobre todo después de que la suspensión de pagos de su gobierno municipal hiciera que los medios de comunicación la presentaran como una ciudad abandonada.Y, sin embargo, sudowntown presume de construcciones modernistas que nada tienen que envidiar a las de Nueva York y que superan en calidad arquitectónica a las de Chicago. Su pasado siderúrgico y su situación en la orilla del río Detroit (el término viene del francés y significa estrecho, haciendo alusión al paso entre los dos lagos) hizo que fuera elegida, a comienzos del siglo XX, por la incipiente industria del automóvil. La riqueza que rápidamente generó y las tendencias avanzadas de sus empresarios hicieron que creciera un centro refinado, con grandes edificios y teatros en los que la nueva aristocracia del dinero podía hacer ostentación. Fueron los tiempos de Belle City, como se la llamó en una mezcla del francés de sus primeros pobladores y el inglés de quienes dominaban entonces.

La ciudad alcanzó la cresta de la ola a finales de los años 50, con una población de prácticamente 1,9 millones de personas, que se ha reducido a apenas 700.000 en la actualidad. El principio del declive llegó a mediados de los 60. Detroit tenía uno de los mayores índices de población negra de las ciudades del norte de EEUU por la demanda de mano de obra de las fábricas del automóvil y sus calles fueron escenario de algunos de los episodios más violentos de los conflictos raciales.

Entonces se inicia el proceso de abandono del centro de la ciudad por sus habitantes en busca de la mayor tranquilidad que ofrecían las urbanizaciones de poblaciones cercanas como Birmingham, Rochester, Ann Arbor... El segundo envite llegó en 1974 con la primera gran crisis del sector del automóvil (con huelgas y manifestaciones), tras la cual sólo quedaron algunas oficinas. Casi se convirtió en una ciudad fantasma de la que se apoderaron bandas de delincuentes que la colocaron a la cabeza del ranking de peligrosidad.Pero en los últimos treinta años las cosas han ido cambiando. Henry Ford II, el nieto del fundador de la marca, encabezó una cruzada para recuperarla. Construyó el Renaissance Center, un conjunto de cinco torres con la más grande (un hotel) en el centro. Inicialmente, Ford tuvo allí sus oficinas centrales, pero posteriormente se las vendió a General Motors. Poco a poco, se han ido rehabilitando otros edificios, algunos de los cuales son ahora centros oficiales y de la Administración del Estado. Ésta ha querido contribuir permitiendo el juego, lo que ha dado lugar a la reconversión en casino del barrio griego de Greektown, al que siguió la construcción de un casino MGM y de un segundo denominado MotorCity. Con ellos han resurgido lugares para escuchar música pop, jazz, bares de copas y restaurantes, todos bastantes informales.

Detroit está dividida en dos zonas unidas por la avenida Woodward. La zona pegada al río, que hace de frontera con Canadá, es la más interesante. En ella se encuentran los edificios más importantes, los estadios, los centros de exposiciones y los congresos, así como los principales hoteles. En la otra parte está la antigua sede de General Motors, en Cadillac Place, ahora reconvertida en un edificio oficial, y el edificio Fisher con su teatro, de estilo Art Déco. El lugar fue al principio un cine, aunque hoy en día acoge musicales. Resultan muy interesantes las pinturas de sus techos con motivos mayas.

En el espacio entre las dos áreas de la ciudad sólo resulta interesante la catedral católica del Santísimo Sacramento, neogótica. La zona del río es fácil de ver. Es aconsejable tomar el tren elevado que la circunda, el People Mover, para hacerse una idea general de cómo es. Una vez a pie de calle, hay que visitar el edificio Guardian, al que se debe entrar para poder admirar los techos de las dependencias de las plantas bajas. También merecen la pena el Ponobscot, el Comerica y el Woodward One. Y el Dime, que nació como Chrysler House, el Book y Cadillac.

Con buen tiempo resulta agradable pasear por la avenida Jefferson, entre el Renaissance Center y el Cobo Hall, dedicado a la memoria del alcalde Alberto Cobo, de origen español. En el otro extremo se ubica la iglesia, también católica, de San Pedro y San Pablo, la más antigua del estado de Michigan. Además, Detroit cuenta con uno de los museos más grandes de EEUU, el Instituto de Bellas Artes, cuya visita es muy recomendable.También hay que ver el Museo Ford y el Ford Village, en Dearborn, saliendo de la ciudad hacia el aeropuerto. En el museo, además de los modelos de automóviles, locomotoras y aviones que han marcado la vida norteamericana, hay otra parte dedicada a las casas, la decoración, la evolución de los electrodomésticos, los menajes del hogar y la moda. Este espacio permite bucear en la forma de vida de los estadounidenses desde el siglo XIX hasta nuestros días. En cuanto al Village, reúne las casas más importantes de la región, ya que han sido trasladadas pieza a pieza hasta aquí. Desde la que contenía el taller en el que Henry Ford construyó su primer coche hasta la granja de la familia Firestone, propietarios de la fábrica de neumáticos y grandes amigos suyos.