El Arce Japonés

El arce japonés es una de las plantas más demandadas. Su porte, su elegancia, su rusticidad, pero sobretodo sus hojas palmeadas llaman muchísimo la atención. No sabemos si es porque no hay ninguna planta en Occidente que se le parezca, o porque no estamos acostumbrados a ver arbustos o arbolitos de este tipo, pero la realidad es que el Acer palmatum conquista los jardines de todo el mundo. Bueno, los jardines y los patios, puesto que al tolerar muy bien la poda, se puede cultivar incluso en maceta.

Desde hace varios siglos que se trabaja como Bonsái, tanto en Japón como en China, de donde surgió este arte, y con paciencia y constancia, se han conseguido obras realmente asombrosas.

El arce japonés, o Acer palmatum hablando en términos botánicos, es un arbusto o pequeño árbol de hoja caduca, esto es, que caen en otoño, originario de Japón y de Corea del Sur. Crece hasta una altura comprendida entre los 6 y los 10 metros, aunque hay alguna que otra variedad que puede alcanzar los 15m. Las hojas son de un tamaño interesante: entre 4 y 10cm de ancho y alto; estas son palmadas, con hasta 9 lóbulos acabados en punta. En otoño, esta planta se viste de gala, adquiriendo tonos rojizos o púrpuras antes de dejar que la brisa del viento deje caer sus eficaces láminas foliares.

Las flores están distribuidas en inflorescencias llamadas cimas, es decir, que la flor terminal del eje es la primera que se abre, y las demás se desarrollan lateralmente. Cada una de ellas tiene 5 pétalos de color blanquecino. Brotan en primavera, para tener listas las sámaras aladas -sus semillas- hacia el otoño, que será el momento de recogerlas y estratificarlas en la nevera (más hacia adelante veremos cómo hacerlo).

Esta planta vegeta en climas templados-frescos, con temperaturas comprendidas entre los 30ºC de máxima y los -18ºC de mínima. Por este motivo, pueden tener serios problemas en climas donde el mercurio sube más en verano. 

Sólo se pueden reproducir por injerto, una técnica que permite tener árboles con un crecimiento rápido y con unas características determinadas. En este sentido, los expertos eligen aquellos cultivares que destacan por algún u otro motivo: ya sea por tener una hoja de color claro o más oscuro, por el tamaño que tienen, por el porte que alcanzan, etc. Una de las principales ventajas que tienen los injertos frente a las plantas obtenidas de semilla es que, si adquieres un injerto, puedes estar completamente seguro/a de que no va a superar los 5m de altura.

Los cultivares provienen de plantas mutadas o que han sido artificialmente seleccionadas a lo largo de muchas generaciones. Muchos de ellos tienen características propias en diferentes estaciones; a saber: diferente color en las hojas, corteza más o menos brillante. Esto supone un problema, puesto que un cultivar puede tener muchos nombres.

Cuidados

Esta planta, si se quiere tener en maceta, hay que plantarla en un sustrato con buen drenaje, pero que además tenga el pH bajo, entre 4 y 6. Lo ideal sería utilizar un sustrato específico para plantas acidófilas, pero si vives en un clima cálido, te recomiendo más mezclar 70% de akadama con 30% de kiryuzuna. De esta manera, las raíces se mantendrán correctamente aireadas, y podrán llevar el agua rápidamente a las hojas, evitando que se sequen.

El riego tendrá que ser frecuente, puesto que no resiste la sequía. Para ello, usaremos también un agua ácida (la puedes acidificar diluyendo el líquido de medio limón en 1l/agua), o de lluvia, al menos 3-4 veces por semana; algo más en verano.

Coloca tu arce japonés en un lugar donde no le dé el sol directamente. Hay algunos cultivares, como el Seiryu o el Osakazuki, que pueden tolerar unas pocas horas de luz solar directa, pero es preferible no arriesgarse. La zona donde esté tiene que ser muy luminosa, pero siempre evitando que los rayos solares impacten directamente en sus hojas, pues podría quemarlas.

Los arces japoneses en maceta hay que trasplantarlos cada 2 años, especialmente si se usa un sustrato muy poroso o se vive en un clima que es el apropiado para ellos. Se realizará hacia finales del invierno, cuando el riesgo de heladas haya pasado, plantándolos en una maceta unos 4cm  como mínimo más amplia.

Poda y Abono

La poda nos permite tener plantas con un porte más reducido, más compacto. Hay algunos cultivares que pueden crecer bastante, quizás más de lo que uno espera y/o desea, por lo que en estos casos es muy aconsejable podarlo. Asimismo, si tenemos un bonsái de arce japonés, también tendremos que mantenerlo con el estilo definido mediante podas.

La época más recomendada es en otoño o hacia finales del invierno, cuando el árbol todavía no está en plena actividad. Una vez hayamos decidido el día en el que vayamos a podarlo, cogeremos una sierra de mano y unas tijeras de podar y procederemos a quitar o recortar aquellas ramas que:


  • se entrecrucen
  • sean demasiado largas
  • haga de guía (ésta se recortará para obligar al árbol a sacar ramas más bajas)
  • se vean débiles o enfermas

El abono es muy importante para todas las plantas, excepto para las carnívoras. Para un correcto desarrollo y crecimiento, se deben de abonar desde primavera hasta finales del verano. También se puede en otoño si vives en un clima cálido.

En el caso del arce japonés, se deberá abonar con un abono específico para plantas ácidas, siguiendo las recomendaciones indicadas en el envase (normalmente, es una vez a la semana); aunque para conseguir una planta más vigorosa, más sana, te recomiendo abonar un mes sí y otro no con abonos orgánicos líquidos, como el guano, que tiene un efecto rápido.

El arce japonés es una de las plantas que, pese a que pueda parecer lo contrario, no le suelen afectar muchas plagas ni enfermedades. De hecho, las más comunes son, por un lado, las cochinillas algodonosas, y quizás la araña roja o el pulgón si el ambiente es muy seco; y por otro lado, podría afectarle los hongos del género Phytophthora.

¿Cómo evitar que el arce tenga estos problemas?


Hay que evitar que el sustrato esté encharcado. Siempre que tengas dudas, introduce un palo de madera en la maceta o en el suelo para comprobar la humedad del sustrato o tierra: si al extraerlo sale prácticamente limpio, es porque está seco y que por lo tanto se debe de regar. En el caso de que hayas usado un sustrato tipo gravilla, como akadama y kyriuzuna, remuévelo un poco para ver si sigue húmedo (si lo está, seguirá teniendo un tono marrón algo más oscuro).

Se debe de proporcionarle un ambiente húmedo. Para aumentar la humedad ambiental, se puede poner algunos vasos con agua alrededor. Desaconsejo pulverizar, puesto que el agua que quede en las hojas podría taponar los poros y, como consecuencia, la planta tendría problemas para respirar.

Es aconsejable hacer tratamientos preventivos con insecticidas ecológicos, como el purín de ortigas o el aceite de Neem que encontrarás en los viveros y/o en tiendas de jardinería. También puedes preparar en casa algunos remedios, como por ejemplo hacer una infusión con dientes de ajo, colarlo, y pulverizar la planta cuando haya dejado de quemar.

Y, ¿qué hacer para solucionarlos? En ese caso, hay que optar por usar insecticidas y/o fungicidas según sea el caso. Si lo que tiene son cochinillas u otra plaga, se tienen que eliminar con Clorpirifos o Imidacloprid; en cambio, si son hongos, además de reducir la frecuencia de riegos, hay que hacerle un tratamiento con fungicida de amplio espectro.

Reproducción del Arce japonés

  • Las semillas de los arces japoneses se deben de recoger en otoño, para tenerlas en la nevera durante tres meses, a una temperatura de 6-7ºC, ya que necesitan pasar frío para poder germinar. Una vez las tengas, introdúcelas en un tupper transparente con vermiculita, y cubriéndolas con una fina capa de más vermiculita. Luego, sólo tienes que regar un poco y echarle una pizca de azufre o de cobre para evitar que los hongos proliferen. Asimismo, es importante que, al menos una vez por semana, saques al tupper de la nevera y lo abras, para que el aire se renueve. Cuando hayan pasado los tres meses, podrás sembrarlas en macetas con sustrato para plantas ácidas,  colocándolas en una ubicación resguardada del sol directo. Si todo va bien, germinarán en uno o dos meses.

  • El método del esquejado es uno de los más rápidos y efectivos. Para hacer esquejes de arce japonés, hay que seleccionar una rama que tenga un grosor de 2cm como mínimo y una longitud de 40-50cm, y podarla hacia comienzos de primavera. A continuación, tienes que humedecer su base con agua e impregnarla de hormonas enraizantes. Luego, se planta en una maceta con un sustrato poroso, al que se mantendrá siempre ligeramente húmedo. En el transcurso de 5-6 meses empezará a emitir raíces.

  • Pero si quieres tener un arce japonés y no quieres correr ningún tipo de riesgo, entonces lo mejor que puedes hacer es acodarlo. Para ello, debes de retirar un buen trozo de corteza (unos 10cm de ancho), humedecerla con agua e impregnarla con hormonas enraizantes. Luego, tienes que pasarle una bolsa, a la que habrá que atar por un extremo a la rama, rellenarla con sustrato específico para plantas ácidas, humedecerlo, y luego atar el otro extremo. El sustrato hay que mantenerlo húmedo, lo cual se puede hacer con la ayuda de una jeringa unas 3-4 veces por semana. En el transcurso de 4-6 meses empezará a emitir raíces.

  • El injerto es el método más usado por los expertos para obtener nuevos y más maravillosos cultivares. Se realiza de la siguiente manera: Elegido el portainjerto, es decir, la planta a la que se le va a introducir una rama de otro arce japonés, se le realizará un corte profundo a uno de sus tallos leñosos en primavera. A continuación, se procede a cortar una rama semileñosa -lo que será el injerto-, y se introduce en el portainjerto. Finalmente, se une todo bien con cinta adhesiva para injertos. Si todo va bien, en cuestión de dos a cuatro meses del injerto empezarán a brotar hojas. Por cierto, no te olvides de quitarle las hojuelas que le vayan saliendo al portainjerto, ya que le quita energía al injerto y puede no desarrollarse bien.

El arce japonés se usa como planta ornamental, ya sea en el jardín, en maceta o como bonsái, desde que fue exportada en el siglo XIX de Japón. Actualmente, te lo puedes encontrar viviendo en todos los climas templados del mundo, no sólo en Asia, sino también en Europa, América y en Australia.

Su cultivo en climas más cálidos es difícil, pero aún así, con los consejos que te hemos dado, podrás tenerlo incluso en el mediterráneo.