Viajar al Sur de Italia: Nápoles

Nápoles es una de las capitales más sugestivas de Italia: Ciudad de cultura, de teatro y buena gastronomía, con fama de leyendas, tradiciones y folklore. Un dicho popular afirma: «Ver Nápoles, después morir» («Vedi Napoli, poi muori»), es decir, a esta ciudad, la tercera más grande de Italia, tras Roma y Milán, hay que visitarla antes de morir, para disfrutar de su belleza, de su rico patrimonio y de su historia, muy ligada a España.

En Nápoles, la presencia española comenzó en el siglo XV con la corona de Aragón. En 1734 llegaron los Borbones y su dinastía reinó hasta 1861, dejando obras monumentales, entre las que destaca el Palacio Real de Caserta (en italiano Reggia di Caserta), la residencia más grande del mundo, con 1.200 salas, un parque con más de 3 kilómetros de longitud y un soberbio acueducto de 40 kilómetros. Situado a 33 kilómetros de Nápoles, es sin duda uno de los monumentos más importantes del patrimonio artístico de Italia, construido por deseo de Carlos III y declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997. Además de la obra faraónica del Palacio Real de Caserta, hay otros monumentos o proyectos que nacieron con un objetivo industrial o agrícola, dando relieve al Reino Borbónico de la Italia meridional que asumió, desde el 1816, el nombre del Reino de las Dos Sicilias. Asombroso es el acueducto de 40 kilómetros, una maravilla de la ingeniería que aún hoy sirve agua a los agricultores quienes además la pagan puntualmente. Está además San Leucio, que nace como importante fábrica de seda; Capodimonte, destacado polo para la cerámica; Carditello, para la cría de caballos; el astillero de Castellamare di Stabia, donde se construyó el primer barco de vapor en Europa; el museo de Pietrarsa, en la periferia de Nápoles donde se fabricaron los primeros trenes. Y todo ello conectado con una red de carreteras que era un modelo para la época.