El Castillo de Praga

Desde su construcción en el siglo IX, esta fortaleza sobre el río Moldava se convirtió en un emblema de la capital de la República Checa.

Un río y una colina desde donde vigilar sus aguas. Estas dos premisas determinaron el nacimiento en el siglo IX de la fortaleza que dio origen a la capital checa. Ubicada sobre un promontorio orientado al Moldava, aquel conjunto defensivo se acompañó enseguida de un palacio, tres iglesias y un monasterio, se rodeó con una muralla y propició el surgimiento de un pueblo a su servicio, el actual barrio de Malá Strana.

Con el paso de los siglos el Castillo de Praga se convirtió en el centro de una zona de palacios de embajadores, jardines y conventos ricamente decorados, como el de Loreto o el de Strahov. Tal abundancia de riquezas ha convertido la colina del Castillo en un enclave que requiere al menos un día entero de visita.